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EcoDeporte Chile - Kayak de Mar - Articulos - Seno Gala, Isla Magdalena y Puyuhuapi

Seno Gala, Isla Magdalena y Puyuhuapi

Planeando una Expedicion

Una agradable tarde soleada nos recibió en el fondo del seno Gala, donde hay mucho pasto y espacio para acampar.  Aprovechamos el sol para cargar las pilas del GPS y producir un poco de calciferoles.  Un par de esteros color ámbar desembocan en este lugar, donde se mezclan con la marea al punto de no poder distinguir hasta donde fluyen los cauces por sí mismos.  Llegando con la marea alta de la tarde es fácil ubicarse un poco más allá de lo conveniente y tener que portear por el río para poder salir en la mañana.

El seno Gala ofrece innumerables recovecos que explorar, con esteros remontables hasta pequeñas lagunas. Islotes por todas partes con algunos estrechos de pocos metros y solo pasables con marea alta, formando un laberinto de lagunas de agua salada.

Saliendo del seno, encontramos el grupo Gala, formado por las islas Rudy, Harry, Gala y Toto, que cobijan a una aldea de pescadores ubicada en esta última.  Puerto Gala, un pueblo de pioneros pescadores que hace poco más de dos años cuenta con luz eléctrica.  Muy gentil la alcaldía de mar responde nuestra solicitudes de meteos y nos pide ubicación y puerto de destino.

Playa Bonita

Continuamos navegando por el canal Jacaf, bajo imponentes paredes de piedra de varios cientos de metros, avanzando hasta nuestro próximo destino: Playa Bonita.  De arenas blancas, con la marea baja parece una playa caribeña. Notable rareza en un lugar donde se encuentran pocas playas y menos con arena. Una cascada corona esta playa, donde podemos bañarnos y recoger agua.

Una rápida bajada del barómetro y posterior confirmación del meteo nos anuncia mal tiempo, que nos obliga a reubicar el campamento en la noche, semicargando los kayaks para ir a un lugar más protegido en la misma playa.

Al embarcar nos percatamos de que las noctilucas (Noctilucas scintillans) iluminan nuestro éxodo, dejando una estela luminosa en cada remada e irradiando luz en nuestras pisadas en la arena mojada.  Estos organismos unicelulares son, en realidad, algo así como unas algas carnívoras, que devoran a sus parientes tóxicos causantes de la marea roja.

Amanece tranquilo, nublado y sin viento.  Nuestro siguiente destino es la isla Wargny para cruzar después el Canal Jacaf.  Este canal puede tener corrientes de hasta 5 nudos, por lo que es una buena idea cruzarlo durante el cambio de marea.  Cruzando el canal llegamos a la isla Enrique para buscar alternativamente playas en esta isla o en la vecina isla Manuel, ambas de pura roca con vegetación impenetrable.  Finalmente encontramos un conchal, de los tiempos de oro de la extracción de choros, donde es posible armar un campamento entre la lluvia y las sanguijuelas.

Una mañana nebulosa cede el paso a un sol de clara llama, que seca rápidamente nuestros enseres, mientras una manada de toninas (Cephalorhynchus eutropia)  juega a pocos metros del conchal.

Isla Magdalena

ontinuamos hasta el canal Frödden, donde los vientos favorables hacen que despleguemos nuestros primitivos aparejos, haciendo la navegación más contemplativa y fotogénica.  Al final del canal,  está el seno Carlos flanqueado por una estrechísima entrada formando un  pequeño mar interior, ya en la isla Magdalena.

Siguiendo al este por el canal Salqueman, somos recibidos por el bullicio de una lobería, situada cerca de una de las pocas playas del lugar, con espacio para unas pocas carpas a escasos centímetros de la línea de marea alta.  Doble amarre para los kayaks que flotarán gran parte de la noche y un par de turnos para monitorear los avance de la marea.

Zarpamos nuevamente para volver al Jacaf, donde encontramos indicios de las ya próximas salmoneras: cabos, bolsas, tapas de cajas de salmones…  Nos mantenemos en las costas de la isla para evitar tan triste paisaje.  El seno Soto nos regala una amplia playa, con un río de aguas claras y bastante basura que alcanzamos a quemar, buscando dejar el lugar como nos hubiera gustado encontrarlo, con las mínimas huellas de contaminación.  El buen tiempo nos sonríe, con cielos completamente despejados y una tarde cálida.

La neblina matinal nos despliega un paisaje surrealista, mientras navegamos hacia una difusa frontera entre el cielo y el mar.  Pronto el sol disipa las dudas y un par de horas después una brisa infla nuestras velas. 

Media hora después, tenemos empuje para los cinco kayaks con dos velas, navegando a 3 nudos y otra media hora más nos pone en medio del canal con vientos de 20  nudos y olas de medio metro.  Giramos los timones y apretamos los agarres para que el viento finalmente nos deje en una playa donde nos detenemos a evaluar la situación.   Continuaremos orillando, sin vela, hasta la baliza en la parte más estrecha del canal Jacaf, desde allí protegidos del viento, podemos continuar hasta nuestro próximo destino.

Una  gran cascada que cae directamente al  mar durante la marea alta será el escenario de nuestro campamento. Siempre con limitado espacio en una geografía rocosa logramos acomodar las carpas fuera del alcance del agua salada.  Nos redobla toda la noche una fuerte lluvia y nuevamente nos saluda el sol en la mañana para zarpar hacia nuestro “campamento” final en el seno Ventisquero.

Un basural y una joya

Continuamos, con más tráfico, hacia el seno Ventisquero.  Van y vienen los trasbordadores en ruta a Puerto Chacabuco o Quellón. Avanzamos por el seno  hacia el norte.  Cada vez aparecen más pequeños peces muertos, flotando por todas partes. En bahía Dorita  nos acercamos a una salmonera, donde claramente no somos bienvenidos.  Peces muertos por doquier, olor a pescado descompuesto, jaulas de salmones abandonadas encalladas en las costas… un lugar paradisiaco convertido en un basurero industrial.

Como meticulosamente convenido, a la vuelta de las islas, ya no hay basura ni rastros de las salmoneras.  A lo lejos se perfila el hotel de las termas de Puyuhuapi, construido con finas maderas nativas.  Sus relajantes  piscinas de aguas termales a 36, 38 y 40 grados sirven de escenario para final de nuestra travesía. Solo nos queda una corta remada y una larga manejada.

Escuetamente,

Martin (martin@ecodeporte.cl)

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