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EcoDeporte Chile - Kayak de Mar - Club - Reporte de Salidas - Exploracion del Alto Bio-Bio

Reporte de Salida de Kayak de Mar

Exploracion del Alto Bio Bio

Fecha: 15 al 19 de Septiembre 2007 Exploracion del Alto Bio Bio
Lugar: Alto Bio Bio
Entrada/Salida: Embalse Pangue y Embalse Ralco
Distancia: 50 km
Nivel: 2
Líder de salida: Rodrigo
Objetivo: Exploración de los embalses Pangue y Ralco.

Emprendemos la aventura de explorar los embalses Pangue y Ralco en la Reserva Nacional Ralco a las 8:00 hrs. del día sábado en medio del frenesí santiaguino que avanza lentamente por la ruta 5 Sur. A ratos se hace tedioso pero la esperanza de aventuras en estos 5 días por delante, y para algunos la compañía de buena música, nos hace sobrellevar las 2:30 hrs. que nos lleva llegar al peaje Angostura.
Nos quedan por delante unos 500 kms. a Los Ángeles y unos 140 kms. hasta Ralco.

Solo conocemos nuestro destino salvo la que podemos desprender de alguna guía turística, fotografías aéreas y satelitales respecto a posibles lugares de campamento, tramos navegables y condiciones particulares del terreno. El invierno fue crudo y el terremoto blanco que se dejó caer probablemente nos depare días fríos y noches más aún.

Desde Santa Bárbara al interior el paisaje precordillerano pasa de la campiña con grandes prados verdes a un bosque cerrado de robles, coigües, avellanos y algunos cipreses perdidos al filo del cielo. Las quebradas y cascadas se suceden una tras otra junto al tendido eléctrico recordándonos que la modernización para algunos o la depredación de la naturaleza para otros se abrió paso por estas tierras. Algunos letreros de Endesa nos advierten que en estas aguas estamos a nuestro riesgo. En este deporte siempre es así por lo que no nos asombra ni amilana el aviso que creo al menos hemos visto unas 5 veces.

Hoy nuestros planes son llegar sobre la represa Ralco y buscar algún lugar para acampar pero cuando el sol comienza a ponerse a las 18:30 hrs. sólo hemos llegado a Pangue por lo que regresamos al hotel El Faro del Bío Bío que pasáramos algunos minutos atrás.

Pasaremos aquí la noche para seguir hasta Ralco a primera hora de mañana Domingo. De esforzados kayakistas templados por el frió de los campamentos y las "exiguas" comidas pasamos a las comodidades citadinas con camas abrigadas, duchas de agua caliente y un partido de pool.

A las 9:00 hrs. estamos nuevamente conduciendo rumbo a Ralco por un camino que recorre la rivera nororiente del embalse con un semblante parecido a la carretera Austral pero sin nalcas y con algunos manchones de nieve casi desconocida en el bajo Bío Bío.
Toda la rivera del embalse Ralco es recorrida por un cinturón gris de árboles caídos y arrastrados por la corriente. Algunos aun se aferran con sus raíces ancladas en las grietas de rocas que alguna vez tuvieron tierra de sustento. 

Mientras avanzamos buscamos donde bajar nuestros kayaks al embalse y armar nuestro campamento. Muy pocos carteles y quizás solo uno nos avisa de camping y bajada al agua. En las casas solo hay animales por lo que regresamos al camino principal hasta un aviso de provisiones al costado de un portón. Está cerrado y sin moradores a la vista. Caminamos unos 100 metros hasta un camino que se descuelga ladera abajo y aparece una amplia playa de arena fina con huellas de vehículos ideal para bajar nuestras embarcaciones y una planicie alta para nuestro campamento.

Ya instaladas las carpas y nuestros kayaks a unos metros del agua decidimos tomar una sopa caliente para comenzar nuestra travesía. Si bien hay sol, es un día helado y los suaves vientos nos traen el frío de las nieves altas que nos rodean.

La sopa abre paso a unos trozos de choricillo y de pronto tenemos instalado un banquete de ensaladas y tortillas mexicanas con pollo, tomate, palta y una amplia variedad de tés importados. Cuando son aproximadamente las 15:00 hrs. ya equipados para remar saludamos a dos lugareños. Son Segundo Miripi y su hijo junto a tres perros que buscan a un becerro recientemente parido. Resultan ser los dueños de las tierras en que estamos.

Segundo es un hombre de rasgos marcados por el rigor del trabajo temprano, el sol y este crudo invierno que dejó unos 2 metros de nieve y que según nos cuenta se llevó además unos 40 animales. Sus sandalias hechas de cuero animal amarradas sobre unos calcetines de gruesa lana cruda recorren estas tierras hace generaciones como sinónimo del esfuerzo diario. Quizás incluso sean más cómodas para arrear a los animales kilómetro tras kilómetro que nuestros zapatos "outdoors'' de última tecnología.

Mientras siguen su búsqueda nos aventuramos en el embalse corriente arriba. Vamos en tres kayaks singles y uno doble. El viento es más fuerte que la corriente y avanzamos sin dificultad. El brazo es corto y pequeños bosquetes de árboles sumergidos recorren la rivera. Luego de 1:30 hrs. de navegación llegamos al punto en que nace el río y los rápidos no nos dejan avanzar. Aprovechamos de jugar en la corriente remontando río arriba por un ''eddy'' y nos dejamos llevar río abajo. Ya de regreso nos internamos en un bosquete practicando maniobras entre los árboles. El viento ha cesado y los reflejos de cielo se confunden con el agua.

Bajo una noche estrellada y al calor de una fogata transcurren las últimas horas de este primer día.

A la mañana siguiente luego de unos huevos revueltos planificamos una jornada de 4:30 hrs. de remo remontando el antigua cauce del Bío Bío, que se extiende hacia el extremo sureste del embalse Ralco. A medida que entramos el viento encajonado cobra fuerza y sopla en nuestra espalda levantando un suave oleaje. Son unos 10 nudos que nos empujan río arriba. Nuestra meta de hoy la determina el tiempo. Luego de remar unas 2:30 hrs. decidimos regresar ya que nuestros planes son navegar el embalse Pangue al día siguiente.
Hemos llegado a un bosque de pinos que ha sobrevivido al avance de las empresas madereras.

Ahora debemos remar con el viento y oleaje en contra nuestra por lo que vamos esporádicamente cruzando de una rivera a otra buscando los flancos mas protegidos. Avanzamos en una remada intensa mientras algunas ráfagas de viento nos golpean inclementes. Pese a que están desnudos de hojas aprovechamos los bosquetes que afloran en las riveras para resguardarnos del viento. Cuando quedan algunos kilómetros y baja la intensidad del viento aprovechamos de correr.

Habíamos desarmado el campamento y dejado nuestros autos cargados antes de salir a remar para solo cargar los kayaks y bajar hasta Pangue. Nos detenemos algunos instantes cuando vamos de regreso y terminamos en una batalla de bolas de nieve.
Nuestros planes son buscar algún lugar donde acampar para remar todo el día martes desde las primeras horas.
Desde el camino la rivera de Pangue tampoco nos muestra lugares aptos y el único con alguna posibilidad es una casa sin moradores.
Inevitablemente llegamos nuevamente en el hotel en que nos quedáramos el primer día. Oportuna decisión ya que en ese momento nos damos cuenta que uno de nuestros autos ha pinchado un neumático.

Casi como si fuera una competencia contra el tiempo en medio de la oscuridad que ya nos envuelve coloco el nuevo neumático mientras Martín y Marisol estabilizan el 4x4. La gata se ha desnivelado en el terreno reblandecido y un shock de adrenalina nos inunda. Quizás fueron unos segundos pero como en una película en que se caen las llaves del auto mientras el asesino se acerca, nuestros dedos se enredan mientras intentamos colocar los pernos y sostener el neumático a la vez. Ya respiramos tranquilos y nos podemos reír. Desaparecieron en medio del frenesí mis molestias en el hombro.

El hotel tiene un desembarcadero con una abandonada y casi derrumbada casa de botes desde donde comenzamos a navegar a la mañana siguiente. A poco avanzar encontramos una cascada de unos 30 de altura en la rivera poniente. Pequeñas cascadas se suceden una tras otra y pasamos bajo algunas de ellas aunque el agua es fría.

Mientras avanzamos encontramos un roble con racimos de digüeñes que Marisol recoge mientras Martín los saca trepado de las ramas más altas. Varios de nosotros no los hemos probado pero la promesa de una buena ensalada con aderezos podrían acentuar su insípido sabor; al menos para mí.

Recorremos la rivera en busca de posibles lugares para acampar pero son escasos. El único llano con espacio suficiente es un camping abandonado al parecer desde el último verano. Paramos aquí algunos minutos y aprovechamos de reponer fuerzas con mandarinas, un chocolate, fruta seca y una barra de cereal para el siguiente tramo de navegación.
A poco avanzar por la rivera poniente un recodo de unos doscientos metros esconde el brazo de un afluente que baja del volcán Lonquimay.
Aguas frías y cristalinas que dejan ver el fondo pedregoso llegan al ojo de aguas calmas en que navegamos protegidos del viento en medio de altas murallas de roca y vegetación.

Seguimos avanzando en este embalse parecido a los fiordos patagónicos de laderas empinadas aun con nieve en sus cumbres e impenetrables bosques que se aferran en las rocas. Algunas de sus laderas son farellones completamente verticales.
Ya hemos llegado al final de nuestra exploración. A la vuelta de un banco de piedras comienzan los rápidos. Remontamos río arriba solo unos metros por un ''eddy'' al costado de una gran roca para entrar en unos rápidos que corren a unos 15 km/h.
Navegamos hacia el interior de este brazo del embalse unos 12 kms. en tres horas con viento de popa con la esperanza de que amaine entrada la tarde. En unos tres tramos de 1 hora cada uno ya estamos de vuelta en la casa de botes desde donde zarpáramos.

Preparados para un regreso masivo a Santiago nos levantamos a las 5:00 hrs. y tras unas 8 hrs. manejando rápidamente nos engulle este bosque de edificios y carreteras.

Galería de fotos de la salida

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