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Salimos de Santiago el sábado alrededor del medio día. La hora de encuentro en la playa de las Docas estaba fijada para las 3 de la tarde, pero dado que nadie conocía el lugar decidimos salir con anticipación. Después de reptilear por caminos erosionados y barrosos, guiados por Google Earth y el GPS arribamos al lugar de encuentro. No había llegado nadie. Rodrigo S se había quedado esperando en Laguna Verde pensando que pararíamos allí, así que le avisamos para que se viniera. Encontró en el camino un desventurado que se metió donde había mucho barro y se quedó pegado, así que llegó rato después lleno de barro, tras un intento de ayudar a sacar el auto. La playa está situada unos 80m bajo el nivel donde quedan los autos, por lo que hicimos un recorrido exploratorio buscando donde bajar los kayak a la playa. Finalmente quedamos en dos rutas: la directa para los kayaks simples y la normal para el doble. La anunciada marejada para sábado y domingo, se notaba claramente en las olas reventando en la playa y en los roqueríos. Esperábamos que para el domingo en la mañana ya hubiera pasado. Empezaron a llegar los demás integrantes del grupo y dado que no quedaba mucho tiempo de luz, empezamos a bajar un par de kayaks para medir el tiempo que nos tomaría al día siguiente bajar los otros. Bajamos el doble con ayuda de un carrito, y un single por la ruta más escarpada. Son unos 500m de porteo por la normal y como 250m por la directa. De vuelta del porteo, armamos campamento entre los pinos y la basura, cortesía de los incultos y eco-analfabetos que arruinan y ensucian cualquier lugar que quede a su alcance. El aseo municipal, por supuesto, brilla por su ausencia, a pesar de los esfuerzos por los vecinos de Laguna Verde que luchan por culturizar a los turistas con carteles del tenor: " Sr. Turista, antes de que Ud. llegara este lugar estaba limpio". Un agradable asado, pastas, ensaladas y los infaltables espíritus de la vid amenizaron la cena, antes de retirarnos a dormir temprano ya que nos levantaríamos al alba para iniciar la travesía. Pero la Providencia tenía otros planes. Diana a las 7:00, rápido desayuno y desarmado de campamento. A las 8:00 ya había llegado Felipe, quien venía de Viña. Mientras preparábamos todo el equipo para navegar, a la vez que monitoreábamos el estado del mar, Rodrigo divisó una ballena que había decidido pasar el día en la playa. Luego del alboroto y las fotos, seguimos los preparativos, esperando que la ballena no se fuera antes del zarpe. Nuestro dedicado amigo Raúl, se quedaría arriba con los autos, ya que una lesión en el tobillo de la salida de trekking pasada, lo tenía con una bota, imposibilitado de remar. Así que contaríamos con un fotógrafo de larga distancia. Daniel también se quedaría, ya que su venida había sido improvisada y no contaba con kayak para acompañarnos. Las olas se veían más chicas desde arriba. La marejada no había cedido ni un centímetro. Tendríamos que atravesarlas para salir al mar y por la frecuencia, no había posibilidades de pasarlas sin tener que enfrentar una o dos recién reventadas. Las olas tenían entre 3 y 5 pies, reventando en campana. Enviamos primero el doble para que estableciera el lugar de reunión pasada las olas, y con los remadores mojados llegaron al otro lado. Seguidamente los remadores menos experimentados. Un single pasó sin novedad. El segundo fue devuelto sin contemplaciones, remador y kayak por separado. El tercero iba por el camino correcto y un mal golpe de remo lo convirtió en el segundo nadador. Otro, se salvó por un pelo: kayak y remador pasaron, el jockey desapareció con la ola. Al cabo de casi una hora, estábamos todos en el agua, por fin. El mar bastante movido, pero dispuestos a darle un intento a la travesía. Conforme avanzábamos hacia mar abierto, el mar se ponía más desordenado y confuso. Olas por todas partes, con algunas puntas reventando. Teníamos por delante al menos 2 horas de remado continuo en esa confusión de aguas. A la izquierda el mar grande nos enviaba sin cesar sus caricias, y una brisa amenazaba con convertirse en viento antes de que llegáramos a la punta. A la derecha, los acantilados sonreían, hambrientos de kayakistas. Un kayakista mareado, tres al límite de sus habilidades, una marejada que no cejaba, un viento amenazante... Un rápido concilio nos llevó a la inevitable conclusión de que no estaban las condiciones para seguir. Así que media vuelta y regresamos al amparo de la bahía donde nos esperaba la ballena y su ballenato. Nos fuimos acercando al cetáceo, una ballena franca austral ( Eubalaena australis ) característica por su soplido en forma de V. A unos 40 metros nos detuvimos a observarlas por varios minutos, viendo como jugaban madre e hijo, a la vez que tratábamos de tomar fotos con el mar movido y con las ballenas también. De un momento a otro, la ballena cambio de curso y se dirigió directamente hacia donde estábamos. Nos quedamos quietos esperando sus movimientos. Siguió avanzando para pasar entre nuestros kayaks a un par de metros, lentamente y resoplando, casi como saludando al kayak-sapiens y mostrando orgullosa su cría. No había terminado de pasar cuando teníamos un kayak dado vuelta: el mar movido y el pajareo de la atención tras la ballena pasaron al cuenta. Rápidamente ejecutamos el practicado rescate, y en menos de un minuto el kayakista estaba de nuevo al mando de su kayak. Excelente experiencia de rescate en condiciones reales y con un mar poco cooperador. Ahora quedaban dos desafíos, el desembarco y el porteo de vuelta. Enviamos a un kayakista experimentado a desembarcar solo, para que ayudara después en el desembarco a los otros, que seguirían uno a uno según sus indicaciones. Fueron desembarcando sin novedad uno a uno, algunos con mucha suerte. Un solo nadador: un pequeño error de un par segundos resultó en que la ola le reventara en la cubierta. Ya todos en tierra, con un agradable sol, ordenamos y limpiamos los kayaks en el estero de agua dulce antes de iniciar el porteo. Más de un hora nos tomo subir todos los kayaks y el equipo y media más para cargar y salir corriendo para evitar el taco de vuelta. Nota. Este reporte tiene el nuevo record de PPK. (Palabras por kilómetro) Galería 2 de fotos de la salida
Participaron, se mojaron y se divirtieron mucho en esta salida:
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